A continuación, un extracto del artículo publicado por J.M. Pozueco et al. en la revista del Colegio Oficial de Psicólogos Papeles del Psicólogo, 2013. Vol. 34(1), pp. 32-48, titulado

PSICÓPATAS INTEGRADOS/SUBCLÍNICOS EN LAS RELACIONES DE PAREJA: PERFIL, MALTRATO PSICOLÓGICO Y FACTORES DE RIESGO

En la presente revisión teórica analizamos las posibles relaciones entre la psicopatía subclínica y las diversas manifestaciones de maltrato psicológico en las relaciones íntimas. Para ello es preciso delimitar el concepto de psicopatía subclínica, así como también la problemática del maltrato psicológico en la pareja, también denominado violencia emocional y/o violencia invisible, puesto que es el tipo de maltrato que mayormente perpetran las parejas psicópatas en sus relaciones, todo lo cual nos permitirá ofrecer un conjunto de indicadores para concretar un perfil no psicopatológico del agresor psicópata en la pareja. Delimitamos el perfil general del psicópata integrado en la pareja, así como también el tipo de relaciones íntimas que suelen establecer y los indicadores de maltrato psicológico que representan factores de riesgo de la relación. Finalmente, también revisamos las posibles relaciones entre esos indicadores y los rasgos psicopáticos.

(…)

El maltrato psicológico en las relaciones de pareja:

Una violencia invisible, pero detectable. La violencia psíquica ha recibido varias denominaciones: abuso no físicoControlador (Hudson y McIntosh, 1981), tortura mental o psicológica (Russell, 1982), abuso psicológico (Walker, 1979), abuso emocional (NiCarthy, 1986), abuso indirecto (Gondolf, 1987), agresión psicológica (Murphy y O’Leary, 1989), maltrato psicológico (Tolman, 1989), abuso verbal (Evans, 1996), terrorismo íntimo (Johnson y Ferraro, 2000).

Mientras que la agresión física parece fácilmente delimitable en las relaciones interpersonales debido a que las secuelas en la víctima son observables, las manifestaciones del maltrato psicológico no son tan evidentes de cara a su detección. Independientemente de ello, existen manifestaciones y/o indicadores del maltrato psicológico en la pareja más o menos obvios. Algunos indicadores –como las amenazas, críticas, insultos y humillaciones– contribuyen a hacerla más obvia; otros, en cambio, tales como la manipulación de la información o la desconsideración de las emociones de la otra persona, son más sutiles (Marshall, 1999). A su vez, no debemos olvidar que la ausencia de evidencias que señalen el daño por parte de la persona abusada se produce más que por la inexistencia de las mismas porque, en la mayoría de los casos, este abuso se asienta en el amor (Ravazzola, 1997).

No todos los hombres y mujeres que desean controlar a su pareja llegan al extremo de utilizar la violencia física para conseguir sus propósitos. No obstante, algunos trabajos de investigación han señalado que los agresores tienden a presentar mayor necesidad de control sobre los demás que otras personas (Stets, 1991). La realidad nos muestra que ejercer control sobre la pareja es una cuestión que trasciende a la mera agresión física, cuya expresión en el seno del matrimonio es producto del incremento progresivo de patrones de interacción coactiva aparecidos en etapas precedentes a la consolidación de la pareja, es decir, durante el noviazgo (Blázquez, Moreno y García-Baamonde, 2010). Por tanto, el concepto clave aquí es el de patrones de interacción coactiva, que, trasladado al ámbito de la psicopatía, se trata del denominado ciclo de manipulación psicopática (Hare, 1993; Babiak, 1996, 2007; Garrido, 2000, 2001, 2004; Babiak y Hare, 2006; Marietán, 2011; Pozueco, 2010), un ciclo coactivo/manipulativo en el que, como veremos más adelante, la violencia psicológica, en sus más diversas manifestaciones, es la tónica general o modus operandi de las y los psicópatas integrados.

Finalmente, es importante subrayar que el maltrato psicológico puede ser inherente a la violencia física, anteceder a la misma, o bien se puede dar con independencia de estas agresiones. En cualquiera de estos casos, el abuso psicológico es más difícil de identificar y evaluar

que el resto de formas de violencia (McAllister, 2000), por lo que se sugiere que su severidad sea estimada en función tanto de la frecuencia con la que se da como del impacto subjetivo que supone para la víctima (Walker, 1979, 2000). Sus consecuencias son, al menos, tan perniciosas como las del maltrato físico (O’Leary, 1999).

Nos encontramos, pues, ante un tipo de violencia invisible (Asensi, 2008) que puede entenderse como cualquierconducta, física o verbal, activa o pasiva, que atenta contra la integridad emocional de la víctima, en un proceso continuo y sistemático (Loring, 1994) y con el fin de producir en ella intimidación, desvalorización, sentimientos de culpa o sufrimiento (Villavicencio y Sebastián, 1999; McAllister, 2000).

(…) (Seguir Leyendo…)

Descargar aquí el PDF con el texto completo:

Psicópatas integrados y las relaciones de pareja

Fuente:

http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=2169

Anuncios